24 feb. 2014

lunes, febrero 24, 2014

El líder DC revela que Claudia Peirano planteó sus reparos con la idea de asumir la subsecretaría de Educación, situación que él advirtió al equipo de Michelle Bachelet, con quien, a su juicio, hay una conversación pendiente. Más allá del debate respecto a la falta de coordinación y la ausencia de una vocería, el senador defiende el rol de Rodrigo Peñailillo en los nombramientos.


La Tercera
SOLO llamadas de emergencia respondió Ignacio Walker durante sus vacaciones. Por ello, admite que se llevó una sorpresa cuando se enteró por televisión de que la nueva subsecretaria de Educación era Valentina Quiroga, una ingeniera vinculada al ala más progresista de la Nueva Mayoría. La misma sorpresa se había llevado el líder de la DC días antes, cuando se anunció el nombre de la renunciada Claudia Peirano, a pesar de su propia advertencia al equipo político de Bachelet respecto a que ella prefería un cargo técnico.


Hoy, ya de vuelta a las actividades, el senador se une a quienes creen que hay que mejorar la coordinación al interior del bloque, aunque le quita mayor dramatismo a la ausencia de una vocería y defiende el rol de Rodrigo Peñailillo. Walker espera sostener una conversación con la Presidenta electa, como una forma de superar el episodio de los nombramientos, que dejó a su partido sin representación en una de las áreas sensibles al interior de la tienda.

¿Quedó conforme con la representación democratacristiana en la primera etapa de nombramientos?

Creo que fue un buen gabinete, que recoge la diversidad de la Nueva Mayoría, y como DC estamos conformes con nuestra participación. Obviamente, uno siempre aspira a más: somos un tercio de la Nueva Mayoría y tenemos un cuarto de los cargos ministeriales. Me faltó un ministro y un subsecretario, pero en la foto global estamos convencidos en que es un buen gabinete.

¿Le gustó el equipo político? Se lo pregunto porque la representante DC es, justamente, su opositora en la interna del partido.

La designación de Ximena Rincón fue una sorpresa, pero no por ella, sino porque era parlamentaria. Nunca pensamos que la presidenta podía designar a un parlamentario. La vamos apoyar con todo, es un buen equipo político que da cuenta de un recambio generacional. Rodrigo Peñailillo, Ximena Rincón y Alvaro Elizalde son la nueva generación política. Es interesante esa apuesta, asumiendo responsabilidades en la primera línea.

¿La DC se hace responsable de todos sus nombramientos?

Apoyamos a todas nuestras designaciones, a los ministros, subsecretarios, intendentes, los vamos a apoyar por igual. Este es un partido muy institucional y la única forma de llevar a cabo un buen gobierno es mantener esa lógica.

Usted dijo que era necesario “perfeccionar” los mecanismos que se utilizaron para la designación de las futuras autoridades. ¿Cuáles fueron los mecanismos que a su juicio fallaron en los nombramientos de algunos subsecretarios?

Ubiquemos esto en la correcta perspectiva: aquí se designaron 70 personas y hay cuestionamientos respecto de tres o cuatro. Con la sola aplicación de la ley de probabilidades uno concluye que algún margen podía existir. Creo sí, que hay que partir por las responsabilidades personales de quienes aspiran a un cargo. Nosotros vamos a exigir de aquí en adelante un compromiso por escrito de que no hay inhabilidad o conflicto de interés. Hay un segundo nivel que es de los partidos, y para ello creamos una comisión para tener nuestro filtro previo. Y hay un tercer nivel que es el equipo presidencial. Me consta el esfuerzo que se hizo, por algo se dilató dos o tres días el nombramiento de los intendentes, porque se cayeron varios nombres y no creo cometer una infidencia en decirlo. Y creo que ciertas cosas se pueden hacer de mejor forma.

En el primer nivel, ¿usted cree que hubo gente que deliberadamente escondió antecedentes que lo podían complicar? Por ejemplo el caso de Hugo Lara.

Yo siempre parto de la buena fe. Ahora, evidentemente que si uno está siendo postulado a un cargo tiene que ser particularmente cuidadoso respecto de aquellas situaciones que pudieran implicar alguna forma de inhabilidad. Obviamente que en el caso de Hugo Lara, por quien tengo el mayor respeto, es el presidente del frente de profesionales y técnicos, fue una sorpresa para todos nosotros los hechos que conocimos a través de la prensa con posterioridad al nombramiento.

¿Cómo fue el chequeo previo? ¿Le pidieron a Lara los antecedentes y optaron por confiar en él?

¡Es que Hugo Lara es una persona tan conocida en el partido! Miembro del consejo nacional, lo conocemos hace tantos años, entonces no teníamos forma de precaver una situación como ésta. No quiero ser complaciente, quiero sacar la conclusión de que aquí hay una sociedad mucho más exigente en términos de probidad, hay tecnologías que a uno le permiten hoy tener un mejor filtro, y por lo tanto esta es una lección hacia el futuro. No quiero hacer una tormenta en un vaso de agua.

¿Y en el caso de Peirano?

El tema de Claudia Peirano es distinto, y no creo cometer una infidencia si digo lo siguiente: yo hablé con Claudia Peirano un día antes de su nombramiento. No sólo por el tema de potenciales conflictos de interés -mi conclusión fue que no los había, misma conclusión del equipo presidencial- sino que le pregunté derechamente si es que estaba disponible para ser subsecretaria de Educación. Y yo sentí que su respuesta fue clara y honesta: ella se veía más para un cargo técnico que para un cargo político, cuestión que transmití al equipo presidencial. Eso habla muy bien de ella, de su honestidad y transparencia y de lo que creía que era capaz. Entiendo que en esas 24 horas hubo otras conversaciones del propio equipo presidencial. Yo me enteré de su nombramiento por la televisión. Quiero salvar su responsabilidad, nuestra responsabilidad, porque ella no buscó su cargo, ella me dio a entender que se sentía más preparada para un cargo técnico que para un cargo político, y eso lo transmití oportunamente al equipo presidencial. Es primera vez que lo digo, pero en aras de la transparencia hay que aclararlo. Y quiero agregar dos cosas más: una vez nombrada recibió el apoyo claro y explícito de la presidenta electa a través de un comunicado leído por su vocero, y el apoyo claro y explícito de la DC. Así y todo, ella tuvo el gesto de dar un paso al costado para que su nombre no entorpeciera en la reforma educacional a la cual ella misma contribuyó. Yo no conocía a Claudia Peirano.

¿Y quien sí la conocía que terminó siendo promovida como carta DC?

Fue la encargada del programa educacional de Claudio Orrego. Siempre tuve las mejores referencias y las sigo teniendo. Y ahora tengo una mejor impresión de la que tenía antes. Hizo un gesto en aras de la viabilidad del programa. Sin duda, el desenlace fue complejo desde el punto de vista presidencial, porque se vio como un gallito entre algunos dirigentes estudiantiles, que legítimamente plantearon su punto de vista, y la autoridad de la presidenta y eso es complicado cuando hay un gobierno que tiene que asegurar condiciones de gobernabilidad democrática y uno de los elementos es la autoridad presidencial. Digamos las cosas como son: la situación de Peirano fue problemática, pero el gesto ella no sólo la enaltece, sino que dio por superado el episodio.

¿Con quién habló del comando?

No voy a entrar en detalles.

¿Y cuál fue su reacción cuando se enteró por la televisión de que había sido nombrada subsecretaria en Educación?

Me sorprendió. La mía fue una conversación entre otras conversaciones. A mí me quedó clara la película y eso lo transmití, pero hubo otras conversaciones. Aquí la decisión final fue de la Presidenta Bachelet y nosotros hemos apoyado todas sus designaciones. Pero creo que es justo mencionar este hecho, porque habla bien de ella; es la persona con mayor conocimiento, sabe exactamente lo que hay que hacer en la sala de clases en el sector público y privado. Más allá de este episodio, lo que me preocupa es que la DC quedó sin representación en el ámbito de educación. Quedamos sin ministros y sin subsecretarios, y yo siempre le planteé a la Presidenta Bachelet que para la DC había dos áreas sensibles: Relaciones Exteriores y Educación, porque es allí donde hay mayores diferencias entre la DC y la izquierda. Lo digo derechamente. En el campo de la educación la izquierda enfatiza la educación pública; nosotros enfatizamos la educación mixta, pública y privada. La izquierda suele enfatizar sólo el derecho a la educación; nosotros enfatizamos el derecho a la educación y la libertad de enseñanza. La izquierda cree más en el Estado; nosotros junto con el Estado creemos en la sociedad civil, donde hay un gran potencial para el refuerzo educativo. Me preocupa estar fuera de la foto en Educación, donde más diferencias hay con la izquierda.

¿Es esa una conversación pendiente con la presidenta electa?

Evidentemente que sí.

¿Peirano conversó con usted antes de dar un paso al costado?

Ella conversó con el presidente subrogante, Fuad Chahín. Lo llamó antes.

¿Fueron consultados por algún nombre de sus filas para reemplazar a Peirano?

No.

¿Hay molestia por aquello?

Nunca hablo de molestia, no hay juicios de reproche, yo constato que la DC quedó fuera de la foto en materia educacional y eso me preocupa, porque es un ámbito sensible entre la izquierda y la DC. Este no es un tema menor.

¿Cómo se arregla la foto en educación?

Conversando, formando equipos, no es sólo el ministro y el subsecretario, y por sobre todo con una muy buena coordinación. Soy de la comisión de Educación, tengo una cercana relación con el ministro Eyzaguirre, fuimos colegas durante el gobierno del Presidente Lagos, lo conozco desde hace 30 años, y tengo la mejor impresión de Valentina Quiroga. Pero el hecho es que la DC no está en esa foto y eso me preocupa.

¿No cree que la salida de Peirano fue un triunfo un poco fácil de los estudiantes?

Hay que desacralizar al movimiento estudiantil y al movimiento social, ellos cumplen con un rol insustituible. Para nosotros es un tema doctrinario, siempre hemos sido respetuosos de la autonomía de los cuerpos intermedios, pero con la misma razón es también la autonomía del cuerpo político y del Estado y en ese sentido, sin hacer un reproche hacia el movimiento estudiantil, nosotros tenemos que ser conscientes que estamos al otro lado del mesón. Nosotros hoy somos el Estado, y hoy Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Gabriel Boric no son dirigentes estudiantiles, son parlamentarios, de un poder del Estado. Del punto de vista de la autoridad presidencial y la gobernabilidad democrática me parece muy importante dibujar esa línea divisoria entre lo que es el legítimo derecho del movimiento social y el ámbito de acción del Estado.

En el caso de Lara, ¿es partidario que se le acepte la renuncia?

No quiero comentar situaciones personales, menos conversaciones privadas. Tengo en alta estima a Hugo Lara y la presidenta electa tomará la decisión. Sí puedo asegurar una cosa: al 11 de marzo sí vamos a tener al mejor equipo para llevar a cabo las tareas que impulsaremos en los próximos cuatro años, y eso significará hacer algunos ajustes al margen. Apoyaremos esa decisión como apoyamos las 70 designaciones.

¿Se evitaba este escenario con una coordinación clara y fluida entre los partidos de la Nueva Mayoría y el nuevo gobierno? ¿O al menos una vocería?

Uno siempre puede corregir procedimientos, mecanismos, hubo una cierta sensación de vacío la semana anterior, pero digamos las cosas como son: aquí había mucho cansancio, fue un año muy duro. Primarias el 30 de junio, primera vuelta en noviembre, segunda vuelta en diciembre. Aquí la gente merecía un descanso. Después de nombrar a 70 personas eso llevó tal vez a un cierto relajamiento que por supuesto se pudo haber corregido de alguna manera, pero no quiero hacer mayor cuestión de ello. No tengo ningún reproche que hacer, como DC estamos conformes con este gabinete.

Algunos dirigentes apuntaron al rol de Rodrigo Peñailillo en las designaciones. ¿Cuál es su impresión?

Es bastante injusta esa acusación. Yo no conocía a Rodrigo Peñailillo, lo he llegado a conocer bastante en este último tiempo, y es una persona seria, rigurosa, y me consta los esfuerzos que él, Aleuy y otros han hecho en materia de filtro, de chequeo, de Contraloría, me consta porque soy testigo, y en la medida en que se dilataban esas decisiones era porque los posibles candidatos se habían caído.

El líder del PS Osvaldo Andrade afirmó que en la coalición había que frenar la tesis de “echarle la culpa al otro” en el caso, por ejemplo, de los nombramientos cuestionados.

Yo comparto esa opinión en el sentido de acostumbrarnos a hablar en primera persona plural, en decir nosotros, y dejar de apuntar con el dedo. Nosotros no lo hemos hecho con nadie y pedimos lealtad recíproca a los partidos de la Nueva Mayoría. Tenemos que asumir la lógica de decisión colectiva, corregir las cosas que haya que corregir con humildad, pueden ocurrir equivocaciones, somos seres humanos, pero insisto: el gobierno parte el 11 de marzo y los ajustes que haya que hacer la presidenta los hará en su momento.

¿Cree como otros han señalado que el secretismo ha sido un factor para atizar la crisis?

Detrás del llamado secretismo hay una cuestión mucho más estructural: el régimen presidencial chileno. Este no es sólo un tema de Michelle Bachelet, aquí hay una vieja historia, tenemos un hiperpresidencialismo, algunos hablan de una monarquía presidencial, eso no es bueno, es malo. Tenemos que velar por un mayor equilibrio y la DC ha propuesto desde el 86 la designación de un primer ministro con la figura del presidente, para tener un jefe de Estado y jefe de gobierno. Aquí los presidentes designan a los embajadores sin la consulta al Senado, y suma y sigue. Todavía tenemos las intendencias. Desde los 80 que venimos planteando estas reformas con mucha fuerza y las incluimos en la reformas con RN en 2013.

Eso a nivel de reformas, pero en lo cotidiano, ¿cuánto afecta ese secretismo?

Hay que perfeccionar los niveles de diálogo, de conversación, los grupos de coordinación, pero mientras tengamos presidencialismo y multipartidismo, la lógica tiene que ser la del multipartidismo, porque la alternativa es el cogobierno de los partidos y esa es la debacle. ¿Qué significa multipartidismo? Que el poder de última decisión es del Presidente, pero un nivel de consulta y de coordinación muy estrecho e institucional con los partidos y los parlamentarios.

El PPD afirmó que se estaba incubando un germen antipeñailillo entre algunos dirigentes de la Nueva Mayoría.

Espero que no, no estoy de acuerdo. Nosotros tenemos una mirada muy transversal de los partidos políticos, no estamos sólo preocupados de nuestro metro cuadrado, me he formado una opinión de Rodrigo, creo que será un muy buen ministro del Interior, tiene la confianza de Bachelet, que es una característica que debe tener un ministro del Interior, sabe jugar en equipo, y espero que sea el anticipo de una lógica de colaboración.

¿Faltó experiencia política?

No creo, sé que se hicieron muchas consultas, muchos filtros, no le atribuyamos todo a Rodrigo Peñailillo, porque acá hay un equipo que acompaña a la presidenta, no quiero apuntar con el dedo a nadie. Aquí hay un tema estructural, de fondo, y lo que tenemos que lograr al margen de todo hermetismo, secretismo, o círculo de amigos, en los próximos cuatros años es que exista una colaboración institucional y equilibrada en el Parlamento, el gobierno y los partidos. Esa mesa de tres patas necesita de buenos equilibrios internos para que la cosa ande bien.

El PC se quejó respecto a que no fueron designados en ninguna intendencia. ¿Le parece correcta la representación de los comunistas en el gabinete?

Nosotros siempre dijimos que dejábamos la decisión en manos de la Presidenta Bachelet. Tenemos profundas diferencias con el PC y todo el país lo sabe, pero por sobre esas diferencias hay un bien superior que es un programa al cual los siete partidos de la Nueva Mayoría nos hemos comprometido públicamente, y dijimos quién colabora con la presidenta en el gabinete es una decisión privativa de ella. La apoyamos, y esperamos trabajar y tener lealtades recíprocas entre partidos, algo que considero muy importante. No tengo ningún cuestionamiento que hacer.

Algunos plantearon que las críticas comunistas a algunos nombramientos fueron una señal preocupante respecto del compromiso del PC con el gobierno de Bachelet. ¿Cuál es su diagnóstico?

Yo me hago cargo de la DC, hablo a nombre de mi colectividad y le puedo asegurar que la DC va a ser leal al gobierno de Bachelet del primero al último día. Yo respondo por la DC y la historia dirá, nosotros hemos hecho varias advertencias, las posiciones son bien conocidas y espero que podamos funcionar.

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